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Estamos todos de acuerdo cuando pensamos que la situación que estamos viviendo no es nada común. En casa, buscando cosas que hacer, poniéndonos al día con los armarios o haciendo limpieza a fondo. Es duro y difícil cuando nos sacan de la rutina. Pero tenemos que pensar que este cambio temporal que estamos viviendo es para un bien común. Estamos todos en el mismo barco y no hay cosa mejor que ayudarnos los unos a los otros.

Lo que sí tenemos claro es que la sociedad está cambiando. Estamos más unidos, nos consideramos más. Ya no decimos que no tenemos tiempo de llamarnos o que estamos muy liados para poder hacer una video llamada con los más lejanos. Porque ahora incluso los más cercanos los sentimos lejos. Tenemos el regalo del tiempo y podemos elegir con quién invertirlo.

Para nosotros son unos días un poco grises, los pasillos de nuestras academias están vacíos, con las luces apagadas. El teléfono no para de sonar, pero no hay niños que silenciar para poder oír bien la llamada. Pero debemos ser sinceros, y decir que debajo de este día gris tenemos nuestro propio sol. Y ese sol son las sonrisas de nuestros alumnos.

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Sí, has leído bien, porque nosotros ESTAMOS AQUÍ. Seguimos dando clase desde casa. Los profesores están bien armados de alegría y ganas de seguir, y así lo hemos hecho. Todo sigue igual, nos seguimos viendo, seguimos riéndonos y sobre todo, seguimos avanzando juntos. Gracias a la existencia de plataformas de comunicación, nuestros alumnos pueden seguir con su rutina, y desconectar un poco de las cuatro paredes de casa.

Le hemos preguntado a algunos alumnos, después de algunos días de clase, qué piensan de las clases online, y esta ha sido su respuesta. «Está claro que no es fácil estar en casa y veros un ratito me hace olvidar que no podemos salir», «Teacher, te echo mucho de menos, pero al menos te puedo ver y veo que mis compañeros están bien», «Tener algo que hacer, aunque sea en pijama». Hasta los adultos disfrutan eso de conectarse para vernos «Os siento cerca», «Gracias por lo que hacéis, los más pequeños se teletransportan por un rato y los vemos felices».

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Que esto nos una más, y que cuando acabe y podamos volver a vernos, el abrazo sea tan fuerte que parezca que nos rompemos las costillas. Hasta entonces, gracias, gracias y mas gracias.