Este tema de escribir en otro idioma muchas veces nos crea bloqueo y nos encerramos en un bucle de pensamientos como, por donde empezar, o como estructurar mis ideas. Para ayudarte, te dejamos algunos consejos de cómo hacerlo claro y bien.

  1. Haz un buen esquema. Seguro que al ver el título, son muchas las ideas que empiezan a aparecer en tu cabeza. Intenta organizarlas en un esquema. Evita hacer listas con puntos que tocar porque al final es complicado crear una coherencia entre ellos. Decide tus tres mejores y de cada uno mira los pros y los contras, para así poder tener unas ideas de peso y defenderlas.
  2. La importancia de la introducción. Debemos evitar el tirarnos directamente a la piscina sin previo aviso. Cuando empezamos debemos imaginar que el lector no tiene ningún tipo de guía delante, sólo vuestro texto, por lo que hay que situarlo haciendo una introducción clara. Evitaremos cosas como «En este texto vamos a hablar…» o «El tema que vamos a tratar…», son comienzos que no dan personalidad al texto. Entra sin dar mucho detalle, de una manera general y sobretodo objetiva.
  3. Divide tus párrafos. Cada párrafo debe tener más o menos la misma longitud. ¿Y cuántos? El número ideal es CINCO, contando introducción y conclusión. El cuerpo de tu texto es el que más pesa, por lo que debes exponer tus ideas usando buenos conectores y originalidad en las estructuras gramaticales. Sal de tu rutina y de tu vocabulario de todos los días. Atrévete con tus conocimientos más avanzados.
  4. Concluye con clase. No dejes que tu opinión se vea desde el principio. Esta claro que cada texto es diferente, pero en una redacción por ejemplo, lo aconsejable es que te mantengas imparcial desde la primera línea. Deja que el lector tenga ganas de seguir leyendo para saber lo que piensas del tema, por lo que lo correcto sería expresarlo en el último párrafo. Sal de tu texto con clase, dejando ver tu posicionamiento. Haz un pequeño resumen de todo lo que se ha hablado en un par de líneas y pon como broche de oro tu opinión.
  5. Lee el resultado. Cuando hayas terminado no cometas el grave error de suspirar pensando que ya no hay nada más que hacer. Queda lo más importante, releer. Ahora ponte en el lugar del lector y observa que sensación te provoca leer tu texto. ¿Es interesante? ¿Es repetitivo? Analiza y corrige.

¡Ahora ponte manos a la obra que seguro que siguiendo estos fáciles pasos te saldrá genial!